Cine en conversación, sesión agosto 24 de 2013

Ciclo: Representando a Shakespeare, Acto II

Película: Hamlet

Dirección: Grigori Kozintsev

Año: 1964

Se ha roto el hilo que unía los días

Hamlet. W. Shakespeare

 

El príncipe Hamlet, aún triste por la inesperada y extraña muerte de su querido padre, se indigna ante las bodas de su madre Gertrudis con Claudio, hermano del rey fallecido, apenas dos meses después del deceso del monarca. Ahora Claudio es el nuevo rey de Dinamarca y Hamlet debe soportar el tedio de la corte, rodeado de una serie de expresiones complacientes y grotescas que fingen alegría para guardar las apariencias. Mas Horacio, el mejor amigo del príncipe, le comenta que ronda en las afueras de la fortaleza un fantasma con la figura del rey muerto. Se trata del espíritu del padre de Hamlet quien le informa que realmente murió envenenado por Claudio, y le pide a su hijo tomar venganza pero sin hacerle daño a la reina. A partir de ese momento el príncipe enloquece, o más bien finge enloquecer, y se siembran dudas sobre la razón del personaje, tanto que las conjeturas de Polonio, el chambelán, nunca logran dar cuenta de lo que le sucede al príncipe; ni siquiera la bella Ofelia, la joven enamorada de Hamlet, imagina lo que pasa por la cabeza de su amado. Aun así Hamlet duda de la claridad de su visión, y para comprobar la veracidad de lo que supo aprovecha la visita de un grupo de actores a los que pide que interpreten el asesinato de un rey envenenado por su hermano, como si se tratara de otro lugar, todo ante los ojos de Claudio, la reina y los demás miembros de la corte. De esa manera Hamlet descubre al culpable y se desencadena la desventura en el castillo: la muerte de Polonio, la locura y el suicidio de Ofelia, el duelo ente Laertes, hijo del chambelán, y el príncipe, y la carnicería final que cerrará el círculo de traición y locura en un reino que vio cómo los más nobles se reducían a sangre por culpa de las siempre inevitables bajas pasiones.

Luego de haber presenciado semejante clásico del cine y de la literatura la conversación inició preguntando ¿cuál es el móvil que desencadena la traición primera, la ambición o el poder? Ya que en principio no se encuentran luces sobre las causas para asesinar al rey Hamlet. Éste, desde el más allá, regresa para pedir venganza y así Shakespeare se vale de algunos recursos que habíamos visto en pasadas películas como Otello y Macbeth, para desarrollar la tragedia, entre ellos está la locura del príncipe la cual le permite al primogénito expresar sus verdades sin reservas ante la corte y develar la confabulación de Claudio. Mas el príncipe no es un tonto, sus monólogos e ironías están llenos de profundas disquisiciones acerca de la condición humana: Ser o no ser, existir o no existir, vivir, dormir, tal vez soñar, mostrarse, aparentar, ser cuerdo o quizás dejarse atravesar por la flecha de la locura. En ese sentido Hamlet está en un permanente duelo con la existencia, consigo mismo y con los demás, y entre tantas dualidades reconoce que muchas veces se nos hace más vívida la representación de un sentimiento que la realidad, que el arte es el medio más oportuno para desenmascararnos. De otro lado locura de Ofelia se nos presenta más cruel porque es la sinrazón a un paso de la alucinación que la conduce al suicidio, y por eso muere abandonada por los hombres y por la iglesia ahogándose en las aguas de un rio.

Ya en el plano cinematográfico se destaca el uso del agua en varias de las tragedias vistas, el mar como un infinito inexplicable el cual Hamlet divisa antes de morir, el uso de objetos simbólicos como el espejo y el ave negra que presagia los males por venir y la excelente música de otro clásico, en este caso de la composición: Dimitri Shostakovich; música que a la vez enfatiza los dramas de un personaje mítico, padre de tantos otros personajes de la literatura a quien la vida misma se le hace intolerable desde que conoce una verdad, primero la que le cuenta paradójicamente el alma de un ser que viene del más allá, y en segundo lugar, ante la calavera de Yorik, la que le revela la existencia misma, esa que dice que estamos condenados al polvo así en este mundo nos llamamos Alejandro Magno, Julio César e incluso William Shakespeare.

Eduardo Cano

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA