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Abril 12 de 2012

Película: Nadie sabe

Director: Hirokazu Kore-eda.

Año: 2004

En apariencia es una mudanza cualquiera, llegan Keiko, la madre, y su hijo Akira, más varias maletas. El apartamento es pequeño, apenas para dos inquilinos. Sin embargo del interior de las maletas salen dos niños más, Yuki y Shigeru, y en la noche el grupo se completa cuando la inocente Kyoko se une a la familia. Desafortunadamente para mantener el alquiler los niños deben permanecer escondidos, cumpliendo las únicas reglas que Keiko imparte: no hacer ruido ni tampoco salir al balcón; y son las únicas reglas porque Keiko como madre desaparece, al igual que lo hicieron los cuatro padres de los niños, al principio ella se va sólo para volver en las noches, pero más adelante los abandona para irse con su nuevo novio dejándole una parca nota y un poco de dinero a Akira, el mayor, al que ella le confía el cuidado de sus tres hermanitos. Sometidos a este desamparo injusto, la vida de los chiquillos pasa entre los juegos, la soledad y los sueños reprimidos: a Akira le gustaría jugar al béisbol, a Yuki contemplar los aviones, a Kyoko tocar el piano y a Shigeru ir al colegio. Como era de esperarse el dinero empieza a escasear, y, no obstante el grado de abandono en que los cuatro se encuentran, ninguno de los padres de los niños atiende los llamados de Akira. Solamente Saki, una adolescente solitaria, ayuda a los chiquillos y se convierte en su amiga. En tanto el tiempo pasa cortan los servicios del apartamento por falta de pago, por lo cual todos deben recurrir a las fuentes del parque para asearse y calmar su sed. Finalmente después de un año en el que paulatinamente han conocido la indigencia, Yuki cae de una silla, accidente que le costará la vida y que paradójicamente la llevará a los campos del aeropuerto, cerca de los aviones que tanto ansiaba observar, y llegará hasta allí gracias a Saki y a Akira, metidita en la maleta como si fuera su ataúd.

Nadie sabe  nos presenta a cuatro niños a quienes su madre, y de cierta manera el resto de la sociedad, les impone unas leyes que los separan de mundo, que les impide conocerlo, imposición que contradice la lógica misma de la infancia. Ellos deben permanecer al margen de los demás, curiosamente en medio de Tokio, una ciudad millones de habitantes. En esa cercanía física, pero distante en lo afectivo, ¿Qué se puede llegar a saber del otro, del mismo vecino? Akira, el mayorcito, tuvo que valerse de la solidaridad con sus hermanos para tratar de hacer algo por ellos, para conseguir un sustento, así su tarea, para el espectador pareciera lanzada al fracaso, de ahí la necesidad de recordar que los niños no pueden educarse  por ellos mismos, aislados de la transmisión que posibilitan los adultos, porque inevitablemente la indigencia será el destino. Esto conduce a preguntase sobre ¿cuál fue entonces la responsabilidad de la madre? Teniendo en cuenta que así no lo hubiese deseado tenía cuatro niños a su cargo, y por ende ¿cuál es la responsabilidad de la sociedad? ¿Acaso todos podemos hacer la vista gorda y decir que mientras no suceda en nuestra casa no es un asunto que nos corresponde? Según las intenciones del director que pretendía mostrar la calidez y la dulzura desde adentro, lo sucedido fue como la matica que crecía en el asfalto, vimos niños amorosos, solidarios, juguetones, e infantiles en el buen sentido de la palabra, principalmente Yuki y Shigeru, porque Akira y Kyoko tenían una mirada de tristeza profunda, de una vida en la que la adultez se les impuso de golpe. En este punto llegamos a una pregunta pocas veces tenida en cuenta ¿Cuál es el lugar de la muerte en la infancia? Yuki entra y sale del mundo metidita en una maleta, como si ese fuera su único posible vientre materno, es enterrada sin que los demás caigan en llantos exagerados, sino en el silencio. ¿Cómo duele la muerte en la infancia? Eso quizás hace parte del universo que hemos olvidado, nos olvidarnos de haber sido niños. ¿Fue la película  bella? ¿Qué es lo bello de la película cuando de un lado observamos ternura y del otro un abandono e indiferencia? Si nos concentramos sólo en lo poético quizás olvidemos la reflexión necesaria para comprender lo dramático que puede haber en esta película, pues de tantas preguntas sólo baste mencionar una a tener en cuenta ¿A quién le importan los niños?

Eduardo Cano.

Corporación cultural ESTANISLAO ZULETA