Cine en conversación

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Jueves 9:

Ciclo de conferencias

Conferencia: "Mujeres en el periodo de la independencia un pasaje de lo oculto, que se les permite, a la visibilidad que se les niega"

Conferencista: Isabel Salazar

Sede CorpoZULETA, 6:30 p.m.

Viernes 10:

Seminario Angustias de la pareja en nuestra época

Tema: LAS DIFÍCILES E INCIERTAS RELACIONES DEL MATRIMONIO CON EL AMOR Y EL DESEO

Sede CorpoZULETA, 6:30 p.m.

Sábado 11:

Seminario El amor y sus incertidumbres en nuestro tiempo

Tema: LAS NADA EVIDENTES RELACIONES ENTRE EL AMOR Y LA SEXUALIDAD

Sede CorpoZULETA, 10:00 a.m.

Cine en conversación

Película: Rodrigo D no futuro

Director: Victor Gaviria (1990)

Sede CorpoZULETA, 5:00 p.m.

 

 

Relatoría: "La angustia corroe el alma" PDF Imprimir Correo electrónico

CINE EN CONVERSACIÓN

Sesión del 20 de febrero del 2010

TITULO:        LA ANGUSTIA CORROE EL ALMA (TODOS NOS LLAMAMOS ALI)

DIRECTOR:  RAINER WERNER FASSBINDER

PAIS:  ALEMANIA

AÑO: 1974

DURACIÓN: 1h-33  min.

Reanudamos en el 2010 nuestro habitual espacio de “Cine en Conversación” y como abrebocas para el ciclo “Fassbinder, tres mujeres en la posguerra alemana”, con una película de uno de los mejores directores de cine que ha dado Alemania: Rainer Werner Fassbinder, nacido en 1945, en un pequeño poblado de Baviera y muerto en Munich en 1982.  Desde niño inició su contacto con el teatro pues su madre era actriz y fue ella misma quien le animó a continuar idéntica senda;  muy joven conoció a Hanna Schygulla, quien asistía a la misma escuela de teatro y con quien fundara, en 1968, un movimiento teatral llamado el “Antiteatro” que evidenciaba la influencia de  Bertold Brecht;  años más tarde, Hanna se convirtió en la protagonista de varias de sus cintas.  Fassbinder hizo parte de un grupo de cineastas considerados gestores del nuevo cine alemán.  Además de director de teatro y televisión, fue actor en esos géneros, productor y escritor y colaboró en la música de algunas de sus películas; desarrolló una febril actividad que lo llevaba en ocasiones, a filmar hasta cinco largometrajes al año mientras trabajaba paralelamente para la televisión alemana o el teatro. Ese mismo vértigo lo trasladó a su vida privada, donde el alcohol y la drogas lo mantenían al límite de su propia resistencia y lo llevaron finalmente a una muerte prematura a la edad de 37 años.

Temas como la soledad, el miedo, la angustia, la búsqueda de la propia identidad, la marginalidad derivada de los prejuicios de una sociedad racista, las tragedias de una Alemania en ruinas después de la segunda guerra mundial y la penosa reconstrucción a que se vio abocado ese país son algunos de los temas de su producción.  Muchos críticos ven en sus películas trazas del expresionismo alemán por el cuidado en la construcción de las imágenes para lograr un determinado impacto en el espectador.

Aunque toma elementos del melodrama hollywoodense su cine es más elaborado, explora en las honduras del alma, en las pasiones, deseos y angustias de los seres humanos.  Pero también llevó a la pantalla diversas obras literarias como Effi Brast del escritor Theodor Fantone, obra que muchos consideran la Madame Bovary alemana, o Berlín Alexanderplatz, novela de Alfred Döblin que retrata la crisis social y moral de la Alemania pre-nazi.

La angustia corroe el alma o Todos nos llamamos Alí, como fue traducida para el público español,  es una cinta realizada en 15 días en septiembre de 1973 y que lo dio a conocer internacionalmente pues hasta entonces su producción en cine y televisión se había limitado al ámbito doméstico.  Inspirado en el melodrama “Sólo el cielo lo sabe” del norteamericano Douglas Sirk, cuenta la historia del encuentro de dos soledades: la de una mujer otoñal, Emmi, viuda, con unos hijos que no tienen tiempo para visitarla, y un joven inmigrante marroquí, que soporta la soledad derivada del desarraigo cultural que le hace perder hasta su identidad (“para los alemanes, todos nos llamamos Alí” dice él con cierta ironía) y de la discriminación de un pueblo racista para quien los árabes valen menos que un perro. El azar hace que se conozcan en un bar, en donde Emmi,  ha entrado para resguardarse de la lluvia;  allí conoce a Alí; entablan un diálogo en donde emergen sus angustias, sus soledades, sus incertidumbres; la desesperanza es la constante en su cotidianidad, desesperanza que tratan de ahogar sumergiéndose en sus trabajos hasta extenuarse.

¿Es amor lo que nace entre estos dos seres? ¿ó es sólo el aferrarse como un náufrago a una posible tabla de salvación, para no hundirse en la desesperación? Más parece esto último, aunque ellos no lo perciban así;  la necesidad de un otro que los reconozca en su condición humana, que les conceda la dignidad que merecen.  Lo cierto es que Emmi y su joven marroquí se casan a pesar de la oposición y la burlas de los hijos de ella; así inician una difícil vida como pareja, enfrentando los prejuicios que suscita su desigual unión entre familiares y vecinos; la situación cambia inesperadamente al regresar los esposos de un período de vacaciones; aquellos que los rechazaban con hostilidad y que les escupían todo su odio a la cara, descubren que los necesitan: el tendero que se ha burlado de “Alí” fingiendo no entender lo que desea comprar y que prácticamente lo ha echado fuera, ahora  los invita a visitar su establecimiento ante los consejos de su esposa que los ve como unos prometedores clientes. Las vecinas, necesitadas de un hombre que ayude en el acarreo de algunos muebles, los tratan con fingido respeto.  Sin embargo, la atmósfera tensa que los rodea es superior a la resistencia de “Alí”, quien siente nostalgia por su tierra; añora el Cuz-Cuz que comía al otro lado del Mediterráneo; luego de una discusión con su esposa, escapa al bar que frecuentaba con sus coterráneos y tiene una aventura con Bárbara, la chica que atiende al mostrador.  Se suceden algunas escenas dramáticas como aquella en la que él, junto con sus compañeros de taller, se mofa de Emmi quien ha ido a invitarlo a que regrese al hogar, o cuando, al reencontrarse en el bar en donde se conocieron, “Alí” la invita nuevamente a bailar y súbitamente cae al suelo víctima de fuertes dolores.  En la escena final, vemos al marroquí en su lecho del hospital, acompañado de su esposa, mientras el médico sentencia: “se salvará pero retornará pronto, como todos los de su condición, víctimas de la llamada “úlcera del inmigrante””, que es sólo la consecuencia de la permanente tensión a la que los somete una sociedad alemana imbuida de prejuicios racistas y que los mantiene en condición de marginados.

La película, como lo reconocieron los asistentes, tiene gran calidad artística;  mediante el acertado uso de silencios, desenfoques y primeros planos, se crea esa atmósfera dramática que rodea la historia; dos seres pero también, dos cuerpos, el uno que se marchita, el otro en plena lozanía, que comparten una necesidad común a todos: la de ser reconocidos, la de recibir y dar afecto; señalaron cómo Fassbinder logra transmitir la tensión que genera desde su inicio, la relación de estos dos seres solitarios;  Al inicio de la película, cuando Emmi entra desprevenidamente al bar para escapar de la lluvia y se da el encuentro de estos personajes, todas las miradas de los asistentes recaen sobre ella; esa tensión expresada a través de las miradas que se sostienen y que parecen interminables, se repite en varias ocasiones, como cuando ellos, solitarios ocupantes de una mesa en un restaurante, son observados inquisitivamente   por los presentes.  En opinión de varios de los asistentes, esa tensión hace crisis y la relación empieza a deteriorarse, cuando la pareja, que siempre ha enfrentado el rechazo de sus vecinos con una altivez que les confería dignidad, acepta las falsas muestras de simpatía que les prodigan quienes semanas antes los despreciaban; cuando la tensión externa cesa, emerge la tensión entre ellos.

Hubo un reconocimiento a la seriedad con la que se aborda el tema por parte del director; no hay sensiblería ni maniqueísmo en el tratamiento del tema racista;  Como detalle anecdótico se debe señalar que el director encarna en la película al yerno de Emmi, quien no escapa al sentimiento de rechazo hacia los extranjeros.  En el aspecto formal de la película, las tomas de cámara, a cierta distancia de los personajes y a través de las barandas de una escalera, o de los marcos de las puertas, ayudan a crear esa imagen de aislamiento en que se encuentran los personajes.  Al final no sabemos si la pareja logrará salvar su relación; queda abierta la pregunta por el mañana para ellos; sólo es claro que les espera un difícil camino sembrado por la incomprensión y las posiciones irracionales y egoístas de una sociedad excluyente.

BEATRIZ FLOREZ

Corporación Cultural ESTANISLAO ZULETA